¿Creían los Padres en la Inmaculada Concepción?

¿Creían los Padres en la Inmaculada Concepción?

Roma quiere que creamos que la Inmaculada Concepción de María fue una doctrina creída «siempre» por la Iglesia.

Roma quiere que creamos que la Inmaculada Concepción de María fue una doctrina creída «siempre» por la Iglesia. No simplemente una opinión piadosa, ni una devoción medieval, ni una conclusión teológica posterior, sino una doctrina revelada, recibida desde antiguo y custodiada por la Iglesia.

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:

«La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda la mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo Salvador del género humano».

—Catecismo de la Iglesia Católica, n. 491.

Pío IX, en Ineffabilis Deus —1854—, fue todavía más lejos. No solo definió la doctrina; afirmó que esta «siempre existió en la Iglesia» como doctrina recibida de los antepasados y revestida del carácter de doctrina revelada.

«Esta doctrina siempre existió en la Iglesia como doctrina recibida de nuestros antepasados, y que ha sido revestida del carácter de doctrina revelada».

—Pío IX, Ineffabilis Deus.

El problema es que la historia no parece haber recibido el memorándum romano.

Si la Inmaculada Concepción fue una doctrina siempre creída, recibida de los Padres y conservada por la Iglesia, resulta cuando menos curioso que Tomás de Aquino, el gran doctor medieval de Roma, la negara explícitamente. Y no la negó por descuido, ni por ignorancia piadosa, ni porque se le hubiera traspapelado una estampita mariana entre los manuscritos. La negó con argumentos teológicos.

A continuación te presento una lista de autores cristianos que prueban lo contrario: la Iglesia antigua y medieval no habló con la voz uniforme que Roma pretende vendernos. Más bien, encontramos una línea recurrente: la impecabilidad absoluta se reserva a Cristo, y la condición caída de Adán se aplica universalmente a la humanidad.

1. Tomás de Aquino: María fue concebida con pecado original

Tomás de Aquino no era protestante, ni reformado, ni discípulo secreto de Lutero viajando en el tiempo. Era Tomás de Aquino. Y aun así escribió:

«María tuvo que ser concebida con pecado original, puesto que su concepción fue resultado de la unión de ambos sexos […]. Asimismo, si María hubiera sido concebida sin pecado original, no habría tenido que ser redimida por Cristo, y, por lo tanto, Cristo no sería el redentor universal de los hombres […]. Por tanto, debemos sostener que María fue concebida con pecado original, pero que fue limpiada de él de alguna manera especial».

—Tomás de Aquino, Compendium Theologiae, I, cap. 224.

Tomás repite la misma sustancia doctrinal en la Summa Theologiae:

«La Bienaventurada Virgen contrajo ciertamente el pecado original, pero fue limpiada de él antes de nacer del seno materno».

—Tomás de Aquino, Summa Theologiae, III, q. 27, a. 2, ad 2.

La pregunta es inevitable: si esta doctrina «siempre existió» como revelada, ¿Tomás no se enteró? ¿O se enteró y decidió contradecir una doctrina revelada? Cualquiera de las dos opciones deja a Roma incómodamente sentada sobre su propia retórica.

2. Tertuliano: solo Cristo es hombre sin pecado

Tertuliano afirma:

«Solo Dios está sin pecado; y el único hombre sin pecado es Cristo, porque Cristo también es Dios».

—Tertuliano, De anima, cap. 41.

No dice: «Cristo y María». No dice: «Cristo por naturaleza y María por privilegio preventivo». Dice Cristo. Roma puede añadir lo que quiera después; el texto no lo hace.

3. Clemente de Alejandría: Cristo solo es sin pecado

Clemente presenta al Verbo encarnado como el único plenamente sin pecado:

«Él solo es juez, porque Él solo es sin pecado».

—Clemente de Alejandría, El Pedagogo, I, 2.

La lógica es clara: la impecabilidad absoluta pertenece a Cristo. La mariología posterior tendrá que abrirse camino contra este patrón, no desde él.

4. Orígenes: ningún hombre es completamente sin pecado

Orígenes escribe:

«Es imposible que un hombre sea hallado completamente libre de pecado».

—Orígenes, Comentario sobre Mateo, XIII, 23.

La frase no está formulada como una excepción mariana. Es una afirmación general sobre la condición humana. Otra vez: el instinto patrístico no parece estar preparando el dogma de 1854.

5. Cipriano de Cartago: nadie puede estar sin pecado

Cipriano cita Proverbios 20:9 y 1 Juan 1:8 para sostener la necesidad universal de misericordia:

«Si nadie puede estar sin pecado, y quien diga que está sin culpa es orgulloso o necio, cuán necesaria y bondadosa es la misericordia divina».

—Cipriano de Cartago, Sobre las obras y las limosnas, §3.

Esto golpea directamente el sentimentalismo romano que quiere convertir la excepción mariana en algo obvio desde el principio. Para Cipriano, el lenguaje natural es universal: nadie puede presumir pureza absoluta.

6. Cirilo de Jerusalén: uno solo está sin pecado

Cirilo de Jerusalén es todavía más directo:

«Uno solo está sin pecado: Jesús, que purifica nuestros pecados».

—Cirilo de Jerusalén, Catequesis, II, 10.

No hay que ser paleógrafo para entender el problema. Si Cirilo hubiera creído en la Inmaculada Concepción como dogma revelado y universalmente recibido, esta era una oportunidad bastante buena para no hablar como protestante antes de tiempo.

7. Ambrosio de Milán: ninguna concepción está exenta de iniquidad

Ambrosio escribe en latín:

«Nec conceptus iniquitatis exsors est, quoniam et parentes non carent lapsu».

—Ambrosio de Milán, Apologia prophetae David ad Theodosium Augustum, cap. XI.

Traducción:

«Ninguna concepción está exenta de iniquidad, puesto que tampoco los padres carecen de caída».

La frase es demoledora para la narrativa romana. Ambrosio no está diciendo: «toda concepción excepto la de María». Dice ninguna. Claro, siglos después Roma encontrará la manera de añadir excepciones. Roma siempre llega tarde.

8. Agustín de Hipona: María murió a causa del pecado

Agustín escribe:

«María, descendiente de Adán, murió a causa del pecado; Adán murió a causa del pecado; y la carne del Señor, derivada de María, murió para abolir los pecados».

—Agustín de Hipona, Enarrationes in Psalmos, Salmo 34, sermón II, §3.

María aparece dentro de la descendencia de Adán y vinculada a la muerte «a causa del pecado». La excepción absoluta se reserva a Cristo, cuya carne muere no por pecado propio, sino para destruir los pecados.

9. Fulgencio de Ruspe: la carne de María fue «carne de pecado»

Fulgencio de Ruspe afirma:

«Caro quippe Mariae, quae in iniquitatibus humana fuerat solemnitate concepta, caro fuit utique peccati, quae Filium Dei genuit in similitudinem carnis peccati».

—Fulgencio de Ruspe, Epistula XVII, cap. VI, §13.

Traducción:

«La carne de María, que había sido concebida en iniquidades según la solemnidad humana, fue ciertamente carne de pecado, la cual engendró al Hijo de Dios en semejanza de carne de pecado».

La cita no deja mucho margen para la propaganda. Fulgencio no habla como si María hubiese sido preservada inmune de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción. Habla en términos agustinianos: Cristo asume carne verdadera, pero sin pecado propio; María pertenece a la condición humana de la que Cristo toma carne para redimir.

10. Rufino de Aquilea: solo Cristo no conoció mancha de pecado

Rufino, comentando el Credo, afirma:

«Solo Él no conoció mancha de pecado».

—Rufino de Aquilea, Comentario al Credo de los Apóstoles, §25.

La referencia es a Cristo. De nuevo, la impecabilidad estricta se concentra en el Redentor, no en María. La Iglesia primitiva no parece sufrir esa ansiedad romana de convertir todo privilegio de Cristo en prerrogativa mariana derivada.

11. Juan Casiano: toda carne es pecadora; Cristo tuvo carne sin pecado

Casiano escribe:

«Aunque toda carne es pecadora, Él tuvo carne sin pecado».

—Juan Casiano, Sobre la Encarnación del Señor contra Nestorio, IV, 3.

El contraste es evidente: toda carne bajo pecado, Cristo como excepción. Si alguien quiere insertar a María como segunda excepción absoluta, tendrá que hacerlo desde fuera del texto.

12. Gregorio Magno: nadie en este mundo está sin pecado

Gregorio Magno afirma:

«Puesto que ninguno de los hombres de este mundo está sin pecado…».

—Gregorio Magno, Registrum Epistolarum, VII, carta 30.

Otra vez, el testimonio antiguo no habla como Ineffabilis Deus. No encontramos aquí una Inmaculada Concepción confesada universalmente, sino el lenguaje común de la pecaminosidad humana.

13. Basilio de Cesarea: nadie está sin pecado sino Dios

En una colección monástica transmitida bajo el nombre de Basilio, se lee:

«Nadie está sin pecado, sino solo Dios».

—Pseudo-Basilio / tradición basiliana, Constitutiones Monasticae, cap. I, §3.

Coherente con el patrón que ya hemos visto en otros autores mejor documentados.

Referencia técnica: PG 31:1329.

El testimonio bíblico: la universalidad del pecado

La Escritura tampoco presenta una excepción mariana explícita a la universalidad del pecado. Juan escribe:

«Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros».

1 Juan 1:8.

Pablo argumenta la condición universal de judíos y gentiles bajo pecado:

«No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron […]. No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno».

Romanos 3:10–12.

Y concluye:

«Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios».

Romanos 3:23.

Pablo no presenta una excepción mariana. Juan tampoco. Cristo mismo dice:

«Ninguno hay bueno sino uno: Dios».

Marcos 10:18.

La carga de la prueba, por tanto, recae sobre Roma. Si María debe ser excluida de la universalidad del pecado por un privilegio singularísimo, Roma debe demostrarlo con claridad apostólica, no con acumulación tardía de devociones, inferencias poéticas y dogmas definidos dieciocho siglos después.

El problema con Pío IX

Pío IX no se limitó a decir: «Esta doctrina nos parece teológicamente adecuada». Dijo que la doctrina fue recibida desde antiguo y que pertenece al carácter de doctrina revelada.

«Esta doctrina siempre existió en la Iglesia como doctrina que ha sido recibida de nuestros antepasados, y que ha sido revestida del carácter de doctrina revelada».

—Pío IX, Ineffabilis Deus.

Pero si esto es verdad, entonces Tomás de Aquino queda en una posición absurda. ¿El mayor teólogo medieval de Roma ignoró una doctrina revelada? ¿La conocía y la negó? ¿La Iglesia la creyó siempre, pero su doctor más importante enseñó lo contrario?

Roma tiene tres salidas, todas malas:

1. Decir que Tomás se equivocó.

Bien. Pero entonces la doctrina no era tan clara, universal y siempre recibida como pretende Pío IX.

2. Decir que Tomás no conocía suficientemente la tradición.

Curioso. El doctor común de Roma ignoraba una doctrina supuestamente universal. Admirable estabilidad doctrinal.

3. Decir que la doctrina se desarrolló.

Pero entonces no se debe vender como si hubiera sido creída siempre con el mismo sentido definido en 1854.

El problema no es que la Iglesia reflexione teológicamente. El problema es que Roma convierte una conclusión tardía en una supuesta posesión universal de la antigüedad maldiciendo a aquellos que no quieran creer sus desvarios.

Si Pío IX tiene razón, Tomás de Aquino no entendió una doctrina revelada.

Si Tomás de Aquino tiene razón, Pío IX reinventó la historia.

Y, francamente, entre el doctor medieval que admite la dificultad y el papa que pretende que todos lo creyeron siempre, el primero suena menos propagandístico.

Notas documentales

1. Catecismo de la Iglesia Católica. (1997). n. 491. Libreria Editrice Vaticana.

Fuente: https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2a3p2_sp.html

2. Pío IX. (1854). Ineffabilis Deus. Constitución apostólica sobre la Inmaculada Concepción.

Fuente: https://www.papalencyclicals.net/pius09/p9ineff.htm

3. Tomás de Aquino. Compendium Theologiae, I, cap. 224, «Sanctification of Christ’s Mother».

Fuente: https://catholiclibrary.org/library/view?chunk.id=00000455&docId=Medieval-EN%2FXCT.019.html

4. Tomás de Aquino. Summa Theologiae, III, q. 27, a. 2, ad 2.

Fuente: https://aquinas.cc/la/en/~ST.III.Q27.A2.Rep2

5. Tertuliano. De anima, cap. 41.

Fuente: https://www.newadvent.org/fathers/0310.htm

6. Clemente de Alejandría. Paedagogus, I, 2.

Fuente: https://www.newadvent.org/fathers/02091.htm

7. Orígenes. Commentary on Matthew, XIII, 23.

Fuente: https://www.newadvent.org/fathers/101613.htm

8. Cipriano de Cartago. De opere et eleemosynis, §3.

Fuente: https://www.newadvent.org/fathers/050708.htm

9. Cirilo de Jerusalén. Catechetical Lectures, II, 10.

Fuente: https://www.newadvent.org/fathers/310102.htm

10. Ambrosio de Milán. Apologia prophetae David ad Theodosium Augustum, cap. XI.

Fuente: https://la.wikisource.org/wiki/Apologia_Prophetae_David

11. Agustín de Hipona. Enarrationes in Psalmos, Salmo 34, sermón II, §3.

Fuente: https://www.newadvent.org/fathers/1801034.htm

12. Fulgencio de Ruspe. Epistula XVII, cap. VI, §13.

Fuente: https://la.wikisource.org/wiki/Epistolae_%28Fulgentius_Ruspensis%29

13. Rufino de Aquilea. Commentary on the Apostles’ Creed, §25.

Fuente: https://www.newadvent.org/fathers/2711.htm

14. Juan Casiano. De incarnatione Domini contra Nestorium, IV, 3.

Fuente: https://www.newadvent.org/fathers/35094.htm

15. Gregorio Magno. Registrum Epistolarum, VII, carta 30.

Fuente: https://www.newadvent.org/fathers/360207030.htm

16. Basilio de Cesarea / tradición basiliana. Constitutiones Monasticae, cap. I, §3. PG 31:1329.

Fuente: https://archive.org/details/patrologiaecurs31mign/page/1328/mode/2up

Referencias en formato APA 7

Agustín de Hipona. (s. f.). Enarrationes in Psalmos (Salmo 34, sermón II, §3). New Advent. https://www.newadvent.org/fathers/1801034.htm

Ambrosio de Milán. (s. f.). Apologia prophetae David ad Theodosium Augustum (cap. XI). Wikisource. https://la.wikisource.org/wiki/Apologia_Prophetae_David

Catecismo de la Iglesia Católica. (1997). La Inmaculada Concepción (nn. 490–493). Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p1s2a3p2_sp.html

Cipriano de Cartago. (s. f.). On works and alms (§3). New Advent. https://www.newadvent.org/fathers/050708.htm

Cirilo de Jerusalén. (s. f.). Catechetical lectures (II, 10). New Advent. https://www.newadvent.org/fathers/310102.htm

Clemente de Alejandría. (s. f.). The Paedagogus (libro I, cap. 2). New Advent. https://www.newadvent.org/fathers/02091.htm

Fulgencio de Ruspe. (s. f.). Epistulae (Epistula XVII, cap. VI, §13). Wikisource. https://la.wikisource.org/wiki/Epistolae_%28Fulgentius_Ruspensis%29

Gregorio Magno. (s. f.). Registrum Epistolarum (libro VII, carta 30). New Advent. https://www.newadvent.org/fathers/360207030.htm

Juan Casiano. (s. f.). On the incarnation of the Lord against Nestorius (libro IV, cap. 3). New Advent. https://www.newadvent.org/fathers/35094.htm

Orígenes. (s. f.). Commentary on Matthew (libro XIII, §23). New Advent. https://www.newadvent.org/fathers/101613.htm

Pío IX. (1854). Ineffabilis Deus. Papal Encyclicals Online. https://www.papalencyclicals.net/pius09/p9ineff.htm

Rufino de Aquilea. (s. f.). Commentary on the Apostles’ Creed (§25). New Advent. https://www.newadvent.org/fathers/2711.htm

Tertuliano. (s. f.). A treatise on the soul (cap. 41). New Advent. https://www.newadvent.org/fathers/0310.htm

Tomás de Aquino. (s. f.). Compendium Theologiae (I, cap. 224). Catholic Library. https://catholiclibrary.org/library/view?chunk.id=00000455&docId=Medieval-EN%2FXCT.019.html

Tomás de Aquino. (s. f.). Summa Theologiae (III, q. 27, a. 2, ad 2). Aquinas.cc. https://aquinas.cc/la/en/~ST.III.Q27.A2.Rep2

Contacto

Escríbeme directamente

Para consultas, invitaciones, conferencias o comentarios editoriales, puedes enviar un mensaje por este medio. La respuesta llegará desde contacto@edgarpacheco.com.