La Gracia Preveniente en Wesley

Si para el calvinista la solución al problema de la depravación e inhabilidad del hombre, es colocar la regeneración como algo previo a la fe, para el arminiano la solución se encuentra en lo que Arminio llamó “gracia preveniente”. Con este término, Arminio busca referirse a aquella gracia que precede a la regeneración, y que, excepto cuando es finalmente resistida, inevitablemente llevará a la regeneración. Fue rápido en observar que esta “asistencia del Espíritu Santo” era de suficiencia tal como para mantener la más grande distancia posible del pelagianismo.

“Gracia preveniente, gracia concomitante, y gracia subsecuente” son los títulos que se le han dado en la visión arminiana: La primera procede al acto del hombre moviendo o disponiendo la voluntad para que el hombre quiera. La segunda acompaña al acto del hombre concurriendo con él a un mismo efecto. La tercera se dice por relación a un efecto anterior producido por otra gracia. Así, de principio a fin la salvación es de Dios, en su gracia y por su gracia.

Juan Wesley decía por su parte que la salvación era como una casa. “Nuestros principales doctrinas, las cuales incluyen a todas las demás, son tres: de arrepentimiento, de fe y de santidad”. El primero de estos, nosotros consideramos, por así decirlo, el pórtico de la religión; la siguiente, la puerta; el tercero es la religión en sí” (Works, vol. 9, p. 227).

La primera parte del viaje a la salvación es el arrepentimiento (Mat. 04:17), lo que Wesley llama “el pórtico”. El arrepentimiento es más que el remordimiento por el pecado; implica girar en una nueva dirección. Podemos llegar a ser conscientes de nuestra necesidad de arrepentimiento solo cuando la gracia de Dios suscita esa conciencia dentro de nosotros. La gracia de Dios hace el primer movimiento. En la herencia wesleyana, ese don inicial de la gracia se llama también gracia preveniente. (Preveniente significa “yendo antes”.) Esta enseñanza enfatiza una conexión entre la ley moral y nuestra salvación, pero por causa de la gracia preveniente de Dios que nos mueve a arrepentirnos, este arrepentimiento no es una expresión de nuestras buenas obras, sino que es la actividad de la gracia de Dios en nosotros . La siguiente parte del viaje hacia la salvación es la fe (Rom. 5: 1), que Wesley llama “la puerta”. Es esta fe en Jesucristo que nos justifica (Gal. 3:24). Piense en el formato de un documento que está escribiendo en su computadora. Usted alinea (justifica) los márgenes. Justificación es estar alineado con Dios. No es algo que hacemos por nuestra cuenta; la fe misma es un don, y ya que nos justifica con Dios, el don se llama gracia justificadora. ¿Se hace esto de forma rápida o gradualmente? La respuesta es ambos. Cuando a Philip William Otterbein se le preguntó cómo llegó a ser llevado al evangelio, él respondió: “Gradualmente fui llevado al conocimiento de la verdad.” Note la frase “fui llevado.” Gradualmente o rápidamente, la justificación no es algo que nosotros hacemos; es algo que Dios hace por nosotros. La tercera parte de la imagen de la casa de John Wesley es una vida santa; la casa en sí es una vida santa. Llegar a ser justificado no completa el viaje. Una vez que pasamos por la gracia a través de la puerta, estamos en la casa donde nuestras vidas van a ser vividas de acuerdo con el mandato de Dios que nos amemos unos a otros (1 Jn 3:11). Nosotros no somos capaces de hacer este tipo de buenas obras por nuestra cuenta; La gracia de Dios hace lo posible para que seamos santificados, para vivir vidas santas. Este don se llama la gracia santificante. Los Metodistas Unidos a veces son acusados ​ de enfatizar las buenas obras a expensas de la fe. ¡No es así! No hay nada en nuestras enseñanzas para argumentar que somos salvos por las obras. Lo que está claro en el pensamiento Wesleyano es que donde hay fe, hay buenas obras (Santiago 2:17). Arrepentimiento (pórtico), justificación (puerta), santificación (casa), todo es posible por la gracia de Dios.

 

Notas bibliográficas:

(Tratados teologicos, Works, vol. 9, p. 227).

(El pensamiento de Arminio, Mildred Bangs, vol. 1, p. 123).

 

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One response to “La Gracia Preveniente en Wesley

  1. David FRancisco dice:

    Pienso que esta frase de Otterbein y la gran humildad y dependencia en Dios que refleja: “fui llevado al conocimiento de la verdad”, debería reemplazar a toda esa anomalia o perversión del lenguaje evangélical y arminio-wesleyano por la cual somos tan mal conocidos y que ademas muestra tanto orgullo seudoespiritual y antropocentrismo que reza: “cuando YO me convertí”.Tal vez si retomaramos, ese donaire de humildad pietista de nuestras raíces historias fuéramos menos acusados, (no sin razón), y muchísimo mas comprendidos. una voz Metodista desde Santo Domingo

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