10 Cosas que debes saber sobre el Arminianismo.

1. El arminianismo surgió dentro del calvinismo como un replanteamiento basado en la Biblia acerca de una versión específica de la doctrina de la predestinación.

El teólogo holandés reformado y profesor de teología Jacobo Arminio (1560-1609) fue asignado la tarea de presentar cargos de herejía contra un pastor que se oponía a la doctrina prevalente de la doble Predestinación Supralapsariana―la creencia que Dios había decidido, incluso antes de la creación o la caída de Adán en el Edén, que seres humanos en particular serían creados para salvación, y que otros seres humanos serían creados para condenación.
Antes de procesar el caso, Arminio insistió en reexaminar todo el asunto de la predestinación a la luz de un estudio reanudado y cuidadoso de la Biblia. Arminio ciertamente no negó que la Biblia enseña una doctrina de la predestinación, sino que argumentó arduamente que el Supralapsarianismo que se había convertido en la doctrina establecida en Holanda violaba no sólo la Escritura, sino la tradición creedal que fluye en la teología reformada holandesa.

2. Los primeros arminianos se suscribieron en gran parte a la teología reformada.

Debido a que Arminio y sus partidarios estaban disintiendo sólo de la formulación particular de la doctrina de la predestinación descrita anteriormente, Arminio ciertamente estaba sometido a la amplitud del marco creedal de la teología Reformada dentro en la cual este fue ordenado y ministraba. A las doctrinas como la Trinidad, la Creación, la autoridad y veracidad de la Escritura, la Divinidad de Cristo, los Sacramentos, etc., Arminius permaneció completamente leal.
Dos ideas deben surgir de esto. En primer lugar, la práctica de caracterizar el pensamiento calvinista en términos del acróstico TULIP, y luego caracterizar el pensamiento arminiano en términos del acróstico DAISY (que refuta a cada elemento del TULIP) deja la impresión equivocada de que la teología arminiana está simplemente opuesta a la teología reformada en cada aspecto. Las diferencias entre un calvinista y un arminiano (respecto a la predestinación) no deben cegarnos al hecho de que pueden unirse fácilmente a causas comunes a través de una amplia gama de cuestiones teológicas.
En segundo lugar, realmente no existe tal cosa como la teología Arminiana, si por esto nos referimos a un sistema pleno de pensamiento. La teología arminiana, más apropiadamente y estrechamente definida, pertenece sólo a cómo se interpreta la enseñanza de la Biblia acerca de la predestinación. El marco teológico más amplio de un Arminiano podría ser de corte Reformado, Wesleyano, Pentecostal, Bautista, etc. En otras palabras, el contraste calvinista-arminiano no es un contraste simétrico. (Ver Teología Arminiana: Mitos y Realidades de Roger E. Olson: para más información sobre esto).

3. Los arminianos clásicos están de acuerdo con los calvinistas clásicos en que la gracia de Dios, no el libre albedrío humano, es el fundamento primordial y la causa de la salvación.

Hablo aquí de arminianos “clásicos” y calvinistas “clásicos” porque cada una de estas tradiciones ha generado, a través de los años, una amplia variedad de ramificaciones que han evolucionado (o de-evolucionado) de manera que las hacen incompatibles con sus raíces. Mi propia “alma mater” se enorgullece explícitamente de ser una institución reformada en tradición, pero ha abrazado en gran medida el liberalismo y el pluralismo. Por otro lado, muchos que se se autodenominan “Arminianos” se han alejado mucho de la comprensión del propio Arminio, generalmente sin estar conscientes de ello.
Por lo tanto, estoy afirmando aquí que Arminio y aquellos que han abrazado su comprensión de las doctrinas bíblicas de la gracia, la elección, la fe y la salvación, declaran sinceramente y con plena convicción que “la salvación es de Dios”. Por sí mismos, los seres humanos en su pecaminosidad, en su estado caído y de rebelión, son naturalmente hostiles a Dios, perversos en sus pensamientos y absolutamente incapaces de reconocer, admitir y recibir la verdad del evangelio. En este punto crucial, los arminianos clásicos y los calvinistas clásicos están de acuerdo: los seres humanos están “muertos en sus delitos y pecados” (Efesios 2: 1). Si alguien es salvo, es por la gracia de Dios!

4. Arminianos clásicos están de acuerdo con los calvinistas clásicos de que sólo por la acción unilateral de Dios puede un ser humano llegar a la fe salvífica en Cristo.

Dada la pecaminosa hostilidad humana y la muerte descrita anteriormente, la salvación sólo es posible a través del ministerio unilateral del Espíritu Santo, que brinda conocimiento, conciencia de necesidad, convicción, sentimiento de culpa y realización de una salida. Jesús, en Juan 16: 7-11, prometió que el Consejero (es decir, el Consolador, el Espíritu Santo) vendría a “convencer al mundo acerca del pecado, la justicia y el juicio”. Aparte de ese ministerio divino, el mundo permanece indiferente, e imperturbable por el evangelio. En 1 Tesalonicenses 1: 5, Pablo recordó cómo sus lectores se convirtieron bajo su predicación, ya que el evangelio vino a ellos “no sólo en palabra, sino también en poder y en el Espíritu Santo y con plena convicción”. Nuevamente, antes de que un ser humano pueda volverse a Dios, el Dios que busca el perdido (sin ser llamado ni invitado) se posa sobre el pecador en poder convictivo.

5. Arminianos clásicos se suscriben a una visión más amplia de la gracia de Dios que los calvinistas clásicos.

El Arminiano clásico está convencido por el testimonio de la Escritura de que el amor de Dios por el mundo entero (y por lo tanto para cada ser humano – ver Juan 3:16, 2 Pedro 3: 9, 1 Timoteo 2: 1-7, Juan 1: 9) implica la conclusión ineludible de que Dios corteja a cada persona, a través del ministerio convictivo del Espíritu Santo, en su deseo genuino de salvar a cada persona.
Los calvinistas a menudo responden que ellos también creen que la gracia de Dios es universalmente exhibida en todo el mundo en lo que estos denominan como la Gracia Común: la generosidad y buena voluntad de Dios hacia toda la humanidad que permite experimentar todo tipo de felicidad y placer en la vida de los hombres incluso los pecadores más sórdidos.
Pero debemos notar que esta afirmación acerca de la Gracia Común no permite que Dios realmente quiera que todas las personas sean salvas. Bajo un examen detenido, los calvinistas clásicos deben admitir que su teología les impide simplemente declarar que Dios ama a cada persona y por lo tanto desea salvar a cada ser humano.

6. Arminianos clásicos creen que la Biblia enseña que los seres humanos pueden (con éxito y trágicamente) resistir el ministerio de convicción del Espíritu Santo.

Aquí, por supuesto, los calvinistas clásicos objetarán apasionadamente que tal creencia degrada la soberanía absoluta de Dios. Pero a los arminianos clásicos les parece que el punto de vista calvinista se debe más a la filosofía griega y a la construcción de alternativas falsas (es decir, que Dios es “completamente soberano”―en la forma en que los calvinistas lo conciben―o este no es Dios) que al del retrato presentando por la Biblia acerca de Dios.
En la Biblia encontramos a Esteban (Hechos 7:51) dirigiéndose a aquellos que lo apedrearían: “¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos! Ustedes son iguales que sus antepasados:¡Siempre resisten al Espíritu Santo!.” Pablo estaba preocupado de que algunos de los Corintios hubiesen aceptado la gracia de Dios “en vano” (2 Corintios 6: 1).
Famosamente, el escritor de los hebreos amonesta a los creyentes a no caer o claudicar de la gracia que habían recibido (Hebreos 12:15, 6: 1-8). Muchos líderes judíos en el día de Jesús resistieron exitosamente los propósitos de Dios y rechazaron el ministerio del propio Jesús (Mateo 23:37, Lucas 7:30). Estos pasajes y sus implicaciones no deben ser descartados con demasiada rapidez en un intento equivocado de proteger una cierta visión de la soberanía de Dios.
Un incidente llamativo que ilustra nuestro punto podría ser el del gobernador romano Félix (Hechos 24:25), que se “alarmó” cuando Pablo le habló de la “justicia y autocontrol y juicio futuro”. A un persona dormida espiritualmente, dicha exhortación no haría ninguna impresión en absoluto. Sólo a través del ministerio de convicción del Espíritu Santo podría esa persona sentir la seriedad del juicio, sentir lo precario que es su posición ante un Dios justo, y encontrarse huyendo de la conversación. Pero no tenemos pruebas de que Felix haya llegado a ser un creyente en Jesús.

7. Los arminianos clásicos creen que el ministerio universal (pero resistible), de convicción del Espíritu Santo crea el espacio necesario para la respuesta humana genuinamente libre al evangelio en forma de amor a Dios.

El ministerio de convicción universal (y unilateral) del Espíritu tiene el propósito de crear un espacio dentro del cual los seres humanos puedan responder, en verdadera libertad, al llamado de Dios.
Aparentemente, el ministerio del Espíritu viene y va en un flujo misterioso, que intersecciona repetidamente la vida de cada persona mediante brillantes rayos de luz en las regiones oscuras del corazón. Puesto que Jesús habló de los movimientos del Espíritu como misteriosos (Juan 3: 8), la mayoría de nosotros no tendrá manera de discernir dónde y cuándo el Espíritu está cortejando a una persona hacia Dios.
Es dentro de este espacio de iluminación, creado por el ministerio unilateral (inmerecido, no solicitado) del Espíritu que el ser humano pecador es hecho lo suficientemente libre como para poder responder positivamente a cualquier medida de luz que el Espíritu irradie sobre él o ella. Esta libertad creada por el Espíritu (ver 2 Corintios 3:17) hace posible un auténtico intercambio de amor.
Es la clásica afirmación Arminiana de que esa libertad creada por el Espíritu es una condición necesaria para que el amor genuino por Dios crezca. Un amor por Dios que es causado simplemente por un supuesto, irresistible acercamiento de Dios sobre nosotros no es, como lo vemos, un amor genuino. (Ver mi libro co-escrito ¿¿Por qué soy Calvinista? “Why I Am Not a Calvinist” para más información sobre esto).

8. Arminianos clásicos creen en un Dios supremamente poderoso.

Mi argumento es que los arminianos clásicos tienen en realidad una visión más elevada del poder de Dios que los calvinistas clásicos. Mi pensamiento fluye de la siguiente manera: uno puede imaginar la facilidad con la cual un Dios Todopoderoso podría crear criaturas que respondieran de inmediato y exactamente a sus mandatos. Pero ¿no sería un camino más exigente que un Dios Todopoderoso elija crear criaturas que podrían (al menos en algún grado) ejercer el libre albedrío? ¿Es nuestro Dios capaz de hacer esto? ¿Y es Dios entonces capaz de ejercer el grado de autocontrol necesario para que el libre albedrío humano sea ejercido?
Si la respuesta a estas preguntas es “no”, entonces parecería que tal Dios posee una soberanía limitada. Si la respuesta es sí, entonces sugiero que revisemos toda la narración bíblica bajo una nueva luz para ver por nosotros mismos qué tipo de mundo Dios realmente ha elegido crear. Los arminianos han concluido que Dios ha tomado el camino más exigente, una manera que hace posible el amor genuino entre la criatura y el creador. (Véase La Gracia de Dios de Clark H. Pinnock, La Voluntad del Hombre: Un Caso para el Arminianismo para más información sobre esto).

9. Muchos que hoy se identifican como arminianos no son arminianos en el sentido clásico.

Me siento continuamente entristecido por el mundo arminiano más grande de hoy, que ha perdido, a mi modo de ver, el entendimiento clásico, tal como lo enunció Arminio y habilmente defendido (por ejemplo) por Juan Wesley, el gran reformador inglés (1703-91).
Muchos que se autodenominan arminianos ven el problema del pecado como meramente el problema de la culpabilidad (ser perdonado), y no como una enfermedad grave que involucra muerte, falta de visión y rebelión. Para estos Arminianos el mensaje del evangelio puede hacerse efectivo simplemente por una presentación maravillosa que apela hábilmente a la razón y a la buena voluntad. Las características de este enfoque de la evangelización son la falta de oración palpable que la rodea y la ausencia de una charla explícita acerca de la absoluta necesidad del ministerio del Espíritu Santo en todas partes. Para estos Arminianos, el elemento más prominente en el proceso de salvación es la voluntad humana (libre), no la gracia de Dios, y una decisión humana, no el cortejo de la presencia del Espíritu. No deseo defender esta forma contemporánea de arminianismo.

10. La mayoría de los ataques calvinistas contra los Arminianos golpean el Arminianismo contemporáneo, pero ignoran el Arminianismo clásico.

Todos debemos admitir que ambas partes carecen de información fidedigna y que todos (espero que sea sin saberlo) son culpables de lanzar críticas contra los espantapájaros. Pero me parece que la mayoría de los cargos contra el Arminianismo están en contra de versiones posteriores a este y nunca aplicarían a las enseñanzas de Arminio y Wesley. Es válido caracterizar gran parte del arminianismo contemporáneo como superficial, humanista, liberalmente inclinado, bíblicamente analfabeto, o (el golpe de muerte!) Pelagista.
Pero también es válido caracterizar a muchos hijos de la tradición Reformada como liberales, pluralistas, casi seculares. Un querido amigo mío, recientemente retirado como ministro presbiteriano, ahora ha “salido” como un ateo. Se necesitará un cierto grado de autodisciplina en todas nuestras partes para obtener claridad acerca de quiénes estamos dirigiendo y lo que realmente pretenden creer.
Mis esfuerzos aquí no han sido ciertamente abogar por la versión del arminianismo más comúnmente visible hoy en día. Pero estoy defendiendo la versión que Arminio mismo articuló, que Wesley defendió, y que parece (para mí y muchos otros) comportarse más a tono con el mensaje de la Biblia que otros puntos de vista: que un Dios soberano, lleno de amor, creó una humanidad capaz de entrar libremente en un intercambio de amor; que a raíz de la devastadora entrada del pecado en el mundo y en los corazones humanos, este mismo Dios se comprometió a cortejar a toda criatura a través del Espíritu de Dios, creando espacio para una respuesta libre y positiva en medidas apropiados de luz; ciertamente desea salvar a todos. Tal mensaje glorifica a Dios, dignifica el mensaje del evangelio y se alinea con la escritura.
escrito por Por Joseph Dongell.
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